La felicidad no se demuestra, se disfruta

Prácticamente todo el mundo tiene cuenta en algún tipo de red social, pero no todas las personas las utilizan de la misma forma. Hace poco leí un artículo sobre la sociedad actual, concretamente, sobre lo absorta que esta está en Internet. Bajo el título “Eran tan felices que no lo publicaban en las redes sociales” el artículo demostraba los pros y los contras del uso de estas, y lo peligrosas que, en algunos casos, pueden llegar a ser para nuestra salud, tanto física como mental y emocionalmente.

Uno de los párrafos que más me llamó la atención y que creo que explica perfectamente mi opinión es el siguiente:

Los psicólogos nos explican a su vez que las redes sociales actúan como mecanismos de defensa para muchas de nuestras carencias, de nuestras necesidades, esas de las que muchas veces no somos conscientes y que proyectamos en estos espacios que van mucho más allá de la simple interacción social”

¡Equilicuá! Ahí tenemos el origen de la cuestión, es más, yo diría incluso, del problema. Sí, es verdad que las redes sociales comenzaron como una simple interacción social en donde todo tipo de personas compartían pensamientos, sentimientos y experiencias que obtenían a lo largo de su vida. Pero, poco a poco, ese tipo de publicaciones se han ido radicalizando y llevando a un límite en el que el fin no es compartir una opinión, sino demostrar algo. Aquí es donde entra en juego la personalidad, y sobre todo, la autoestima de cada persona.

Como bien dice el artículo, Internet, actúa como mecanismo de defensa para muchas de nuestras carencias. Yo, como cualquier chica de mi edad, o más bien diría, que como persona que vive en el mundo desarrollado, uso redes sociales. Aunque sí es verdad, que las utilizo mucho más para informarme que para publicar opiniones y fotografías, también lo hago, pero de una forma moderada y “sana” sin querer ir más allá del de subir fotografías con personas que quiero y poder comentarlas con ellos.

Facebook, la red social por excelencia, es el fiel reflejo de todo lo bueno y malo que para mí una red social tiene. Me gusta entrar en mi cuenta y ver vídeos o leer artículos que me informen y me hagan reflexionar sobre cualquier aspecto de la realidad. Y también, por qué no, me gusta algo más banal como el ver fotografías de mis amigos, o incluso únicamente conocidos, de sus viajes o aventuras. Lo que no me gusta, es encontrarme con personas que se les ve a leguas que lo único que quieren es dar envidia y creerse las mejores demostrando que viven una vida feliz. Subiendo fotografías de cualquier cosa que hacen, posando de una forma totalmente absurda o escribiendo parrafadas sobre sus sentimientos. En esos casos, como bien dice el artículo, lo único que para mí esas personas hacen, es todo lo contrario a lo que quieren. No voy a entrar en si al demostrar paso a paso su vida, esta sea feliz o no, sino que lo que reflejan es su poca autoestima.

Más adelante el artículo sigue soltando frases verdaderamente fieles a lo que me refiero como

“hay quien tiene la idea de que si no publica lo que hace o vive, es como si en realidad nada hubiera ocurrido. Toda experiencia adquiere sentido en el momento en que aparece en el muro de Facebook y aparecen los likes y los comentarios. Es entonces cuando se siente aliviado, reconocido y tranquilo”

Esto es a lo que me refiero con poca autoestima. A veces me da vergüenza ajena muchas de las fotos y comentarios que me encuentro en Facebook o Instagram. Muchas veces pienso en que dentro de unos años, cuando se haya pasado este boom del “postureo” la gente que ahora mismo se extralimita con lo que publica, creyéndose muy guay, se dará cuenta de lo ridículo y absurdo que es. No creo que sea una carencia de madurez en sí, porque muchas veces son incluso las personas adultas las que más actuaciones de este tipo realizan.

Por ejemplo, una persona que es guapa y lo sabe, que realmente se siente a gusto consigo mismo, no va de “crecido” por el mundo. Esa persona es la que menos importancia le da a su físico. Con esto no quiero decir que no se cuide, sino que sabe que es un elemento a su favor, pero no por ello se cree mejor al resto. Son las personas que por cualquier complejo, aumentan su egocentrismo de cara a la sociedad y por tanto, reflejan su poca autoestima, las que demuestran su vulnerabilidad. Con la felicidad, pasa lo mismo. Si eres feliz no necesitas demostrarlo. Por eso, el título del artículo no podría resumir mejor lo que la sociedad actual necesita. “Eran tan felices que no lo publicaban en las redes sociales”

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